Posterior sin argumentos se convencen
los selectos. Los halcones estirados
arrastrando las palabras se engrandecen.
El pacto firmado
y las sombras vagan inhóspitas.
Son perfectas y se tocan.
Son hermosas y están rotas.
Se enamoran y se clavan…
¡Tres miradas!
Que a la nada impertinentes se la junan.
Se separan y se juntan
en la bruma sedentaria.
Ese árbol y su sombra se acompañan.
Los reseca el mismo verano.
Los amamanta el mismo invierno.
¡Pero que sean cien
los nueve anillos del infierno!
Si algún día por instintivos caudillos,
los separa;
el rocío que antes de ser tal pecador,
prefiere morir sin honor.
Sin los copos de nieve, sus amigos.
Los amparan en un mágico despliegue
las luces raras de los ríos.
Bajando la arbolada montaña
donde el florido prado
se convierte en cenagoso pantano.
Residen cuatro lobos de alquitrán
partidarios del “En Vano”.
Juegan ebrios a la ruleta rusa…
Ante uno el ademán de alguna causa
que lo excuse mientras que el siguiente
busca la paz.
Nadie acusa nada extraño
en la tierra fantástica.
Por la rivera, viajan flores de gamuza
rumbo al continente antártico.
Todos juntos, árbol, lobos, sombras y colores.
En Vano escapan hacia el lago.
Y algunas noches la tiniebla los acompaña.
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