Hay quien te vende gato por liebre,
y quien te explaya el donde
y el cuando.
Entonces llegó,
y así, como si nada
le justificó el tiempo y espacio.
Sin siquiera darse cuenta...
Así como si nada
desrompió sus palabras.
Se resolvió por unanimidad
escuchar al viento.
Su velocidad fue única,
al mirar atrás
no había más hojas en el camino.
Que calme la lluvia.
Que el viento decida.
Así eligieron sacrificar los aislantes
para hacerle un refugio
a la sin nombre.
Ese día les gustó estar vivos.
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