Onírica lactancia del vientre materno,
incestuoso saber
incestuoso saber
del beber de la sangre de tu seno al nacer en la grieta de tu abismo. Sentiremos eternos los roces de tu pelo y mi piel, que erizan mis pupilas casi ciegas por el ardor paralizante de la sequedad de mis huesos.
Óseo saber del ser no sujeto, que dejemos a la deriva simplemente. Como un capricho del “emos” por no ser futuro y ser placer,
nacer,
crecer
y perecer.
Uno después del otro como cíclicamente.
nacer,
crecer
y perecer.
Uno después del otro como cíclicamente.
Como cíclicamente veo un equinoccio y un solsticio en cada atardecer. Poder ver anochecer,
junto a tu regazo,
el lazo,
el lazo que nos une en un ser eterno; omnipotente, que todo lo mueve y nadie lo mueve a él.
el lazo,
el lazo que nos une en un ser eterno; omnipotente, que todo lo mueve y nadie lo mueve a él.
Aparato centrifugo, fugaz. Que quizás de tan imponente no espera ni resultados a los movimientos tan simples de los caminantes comunes... Y muere, en cada paso, perdiendo de a poco lo poco que le queda, hasta caer. Caer en la redundancia de una vida sin sentido, si no te tengo.
Y si no te tengo, que te tenga, solo aquel, aquel.
Aquel aquelarre fue tu fin, y mi principio, el principio de la vida sin vivir, de los sueños sin soñar, que erizan mis pupilas casi ciegas por el ardor paralizante de la sequedad de tus huesos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario