jueves, 18 de octubre de 2012

Canto tres: Alma Clara

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Los rayos infalibles reclaman Asgard* lejano,
la unión entre lo humano y lo sublime.
Serenos los Locos* exudan sus vidas por las comisuras de sus bocas.
La noche te atrapa, de a poco se cierne la trampa sabida.
Algunos se abrazan y ríen, pero no son mayoría.

Al volver  a mi morada,
los caminos y las piedras toscas
me anunciaron susurrando
apuntando la explanada de Lupinos*.
Donde la luz espectral
por cumplir con su tarea
ilumina sorda en un sufrir,
sobre la piedra sepulcral los restos de Atenea.

Un Julio aberrante.
Mis pasos por la noche lóbrega,
cuando caído el baluarte
mi trémulo inerte
serenos tus pómulos
retratan tu muerte.

Pálido veneno comienza,
recordándote tan Clara
recostada en el centeno.
Por mi mano con violencia
se anudaban tus cabellos. ¡Pobres ellos!
Quienes tendrán que morir
Sin probar tu cuello.
NI ver la luz dorada
por  tus ojos proyectada.
O tu cuerpo excitado
mañatado a una cruz.

Siendo humildes servidores
mi cuervo y mi persona
al borde del trágico cementerio
le rogamos los honores.
Deje a nuestro criterio
el final de esta carroña.

Al hacer la carne ceso, el humano es animal.
Y más que eso, me precipito al intrépido inquisitorio
de juzgar premonitorio el candil de su fanal.

Así habló Lúvico, héroe rebelde de la batalla del valle de las sombras.

Asgard: Es el lugar de residencia de los rebeldes de alto rango.
Locos: Término despectivo utilizado por los celestiales para referirse a los rebeldes.
Lupinos: Es la única flor que crece en las tierras infectadas, mayormente en cementerios.

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